Intentare resumir mi posición e hipótesis de partida en los siguientes puntos:
-Es necesario distinguir la enseñanza, de la obra y del pensamiento de Lacan. En esa línea va el libro de Jean Claude Milner “La obra clara. Lacan, la ciencia, la filosofía”.-Lacan o su pensamiento no es complicado en sí mismo. Lo que es complicado es extrapolar su estrategia de enseñanza a contextos y épocas distintas sin trabajar las coordenadas teóricas y referenciales del autor. Imaginen brindarles a las y los niñxs de hoy, la misma clase de biología que una maestra de escuela daba a comienzos de siglo, presuponiendo todos los saberes previos y extrapolando determinado contexto cultural. Claramente generaría una dificultad en el proceso de enseñanza-aprendizaje que sería muy difícil de salvar.
-Lacan tiene una sola preocupación y es la de rescatar el psicoanálisis de un viraje que seguramente el sitúa como un problema pedagógico. Los posfreudianos quedaron presos del contenido de la obra de Freud porque no captaron su estructura, y esa es la razón por la cual el autor se mete de lleno con las matemáticas, la topología, los grafos y los esquemas. Justamente porque intentan, como estrategia pedagógica, facilitar la expresión de la "forma".
-Lacan ha fracasado. El mismo lo ha dicho en numerosos oportunidades en sus últimos seminarios. Creo que hoy, preponderantemente, Lacan se enseña de la misma forma en que el trató toda su vida que no se haga, y esto es, repitiendo su discurso como un cuento centrado en el contenido y no en la estructura de su pensar, tal como él describe al formalizar el discurso universitario.
Considero que sería mucho más fácil desde el punto de vista pedagógico el camino inverso: partir de la estructura tal como proponía Lacan, pero con otros recursos pedagógicos mas amigables para nuestra época.
¿-Cuáles son para mí los conceptos que dan cuenta de la estructura del pensamiento lacaniano retomando autores como Milner y Eidelsztein? Los siguientes: Estructura, Función, Lugar, Falta y los 3 registros (imaginario, real y simbólico). Repetimos: la estructura de su pensamiento, no el de la experiencia clínica o de la constitución del sujeto. Si logramos pesquisar la forma en que se relacionan estos conceptos todo lo demás cobra un nuevo sentido bajo la luz de la estructura. En este sentido, la estrategia no es leer mucho y acumular contenidos, sino leer poco y captar la estructura del pensamiento del autor, la profundidad de su propuesta, su señalamiento original, ya que por definición, la estructura es lo que se mantiene.
Luego de toda esta introducción que ha devenido mas extensa posiblemente de lo que debería, les propongo pensar el concepto de falta y demanda dentro del marco de un juego, de una actividad lúdica, ya sabiendo de antemano que vamos a abandonar todo estilo académico como así también la precisión sobre el contenido que habitualmente estamos acostumbrados en la academia, pero solo con el fin de construir un recurso pedagógico que allane el camino para la comprensión.
Una posible hoja de ruta con los tres registros de Lacan:
- Real: lo imposible lógico
- Simbólico: lo que agujerea
- Imaginario: lo que hace consistencia
Imaginemos juntos.
Imaginemos por un momento que el
cuadrado que ven a continuación no tiene borde, y que lo único que Uds. pueden
ver, es su fondo blanco, un fondo, como dijimos, sin borde.
¿Qué hay ahí? (traten
de hacer el esfuerzo de ver “algo”).
Posiblemente a la mayoría de Uds. se les ocurra la respuesta
de “ahí no hay nada” y claramente todos podríamos coincidir con semejante
respuesta, porque lo único que parece haber, es un fondo blanco. Pero esa idea
de fondo sigue siendo posible por la idea de marco, es decir, por el cuadrado
que dibujamos, el monitor que hace de marco, o los márgenes del blog que están leyendo
ahora.
¿Qué falta?
Seguramente Uds. también me digan, “no falta nada porque no
hay nada”.
Ahora imaginen que todo lo que Uds. pueden ver, es blanco,
un blanco total, sin bordes. Sostengan ese pensamiento por favor, tiene un
sentido.
Ahora bien, alguien de Uds. podría decir que en eso blanco, si hay "cosas" ya que si lo miramos con un microscopio, posiblemente veamos partículas
que hacen posible la refracción de la luz y que combinado con un punto de vista,
produce lo que nosotros llamamos "color blanco”. Bien, en ese caso estamos incluyendo
dos elementos externos: la herramienta microscopio y el punto de vista (dejando de lado, la
luz).
Entonces, desde nuestra posición lejana como observadores no podemos
diferenciar una partícula de otra, por lo que eso que hay, perceptivamente hablando, es
lo mismo que no haya nada. Entonces el todo indiferenciado es lo mismo que la nada.
En este punto, animemosnos por ahora, a llamar a todo ese
blanco sin marco, lo Real: es decir, a ese estado de las cosas en donde “todo
lo que hay” coincide con que “no haya nada”.
Es recién en el momento en donde introducimos el microscopio,
es decir una herramienta que podemos pensar como metáfora del orden simbólico,
en que combinada con la acción y posición de mirar, podemos empezar a diferenciar
elementos: las partículas que mencionábamos.
Antes de eso, no hay nada.
En este punto podríamos decir que lo simbólico “recorta” lo
real y permite ver algo: pero vayamos más allá, ¿lo que se ve es lo Real mismo
o una imagen producida por el microscopío (lo simbólico) y la posición de mirar
(la posición del sujeto)?
Llegamos así, al plano de lo imaginario o al registro de lo imaginario, que tal como hemos visto, es un producto de lo simbólico sobre lo Real, pero con la particularidad de que guarda para sí, la especificidad tanto del punto de vista como del efecto del cristal sobre las partículas que miramos. Dicho de otra forma, la imagen guarda en si misma, las marcas de lo simbólico y de la posición del mirar (El esquema óptico en Lacan). Vale aclarar que estamos forzando la co- determinación entre los tres registros a titulo de ilustrar un punto de vista en clave pedagógica (Nudo borromeo).
De esta misma forma podemos pensar al fantasma lacaniano como un producto preponderantemente imaginario co-determinado por lo simbólico, lo real y la posición del sujeto.
Sigamos imaginando….
Ahora bien, si pudimos diferenciar unas partículas de otras
por medio del microscopio, es porque entre ellas hay discontinuidades, es decir
hay también, blanco o la nada, que era lo mismo que el todo. Y seguramente si trajéramos
un microscopio mas potente y miráramos en ese blanco entre dos partículas,
veamos átomos y dentro de ellos, sus componente separados por la nada, y así
sucesivamente de forma infinita.
Para diferenciar elementos es necesario un intervalo, tal
como sucede con los significantes. Si pensamos las partículas que vemos a través
del microscopio, podemos diferenciarlas entre si en tanto establecemos entre
ellas una relación de comparación o de oposición, únicamente posible por la intervención
de la legalidad simbólica, del microscopio. Podríamos decir, que las partículas
“no existen” si no es por el microscopio, y los significantes solo lo hacen
gracias al orden simbólico al que están sujetos y que permiten su comparación
(un significante remite a otro significante).
Lo interesante ahora es pensar el concepto de “partícula”,
es decir, el sentido o significado que le otorgamos a eso que vemos a través
del microscopio. ¿Por qué le otorgamos un sentido? ¿podemos no otorgarle un
sentido? Y aquí llegamos a la demanda de significación, es decir a la exigencia
que produce una cadena de significantes (de partículas) en el sujeto. Recordemos
entonces que para Lacan, el sujeto es un efecto de la relación entre dos
significantes, o dicho de otro modo, el sujeto del intervalo.
Hemos llegado a esbozar de forma metafórica como los ordenes
simbólicos, imaginario y real se articulan en una suerte de epistemología lacaniana.
Ahora bien, también pudimos metaforizar lo real como “lo blanco” y lo que se "aloja" en el intervalo entre los significantes, y que no puede ser reducido o
nombrado o significado o representado en su totalidad, porque por mas mega
microscopio simbólico que utilicemos, estructuralmente, siempre nos encontraremos
con un espacio, un blanco imposible de simbolizar, un intervalo.
Y aquí llegamos y ya podemos comenzar a pensar, el concepto
de falta y en articulación con la demanda.
Volvemos a la pregunta inicial ¿Qué hay? Y Uds. dijeron nada. La pregunta que les hago, claramente, conforma una demanda de respuesta que es dirigida a Uds., y por ende, genera la exigencia inevitable de iniciar una búsqueda que llamamos demanda de significación, es decir, la intención de otorgar sentido o significado a un significante. Nótese que la estructura de toda demanda, ya veremos, conforma una exigencia de significación porque de una u otra forma, siempre nos encontraremos con lo que falta.
Ahora bien, con todo lo que ya sabemos del intervalo y de la
acción de lo simbólico, y del no todo, supongamos que esas partículas se agrupan de forma tal
que delimitan un borde:
El fondo sigue siendo lo mismo, lo blanco, la nada, el todo, lo real. El borde esta echo ahora de partículas, es decir de significantes, que forman una especie de circulo por un lado y de triangulo por el otro, delimitando un adentro y un afuera (un tanto arbitrario), ya que el fondo de lo de adentro coincide con lo de afuera. Es decir, es el mismo fondo, lo blanco (Para mayor precisión en la metáfora conceptual, Lacan recurre a la topología del Toro y la banda de Moebius. Vale la aclaración que estamos simplificando en dos dimensiones para una primera aproximación).
Ahora que hay limites, hay bordes, retomemos las preguntas:
¿Que hay? Un circulo y un triangulo (recordemos que solo es
posible por intervención de lo simbólico, el microscopio, y ahora, el punto de
vista de Uds., como así también la legalidad que ordena las partículas de
determinada forma y no de otra.
¿Que falta? Alguien podría decir, si pensamos el circulo y el
triángulo como agujeros, lo que falta es el relleno, porque justamente dentro de
ese límite lo que hay es blanco, es decir, nada, pero podría haber lo que
llena y cierra el agujero.
Ahora podemos decir que lo que hay es gracias al borde, y lo que falta, falta también, gracias al borde, pero hay un movimiento más, que es la pregunta sobre lo que falta y la pregunta sobre si es posible llenar la misma, taponarla.
Si la pregunta no está, nada falta. El concepto de falta, a
diferencia del de agujero, esta sujeto a la noción de demanda de significación por
un lado, y a la suposición de que algo debe haber ahí donde no hay nada y que
es delimitado por el borde. Por esta misma razón Lacan pone el foco en la relación falta-demanda, mas que en la idea de agujero. Siempre que habla de falta, está hablando de demanda de significación y deseo.
Retomando la clínica de la pregunta de Lacan y la exigencia
de significación tal como se trabaja en Psicopatología 1 de la UNLP.
·
¿Qué es una mujer?
·
¿Qué es la muerte?
Estas preguntas sin respuestas, justamente, recortan lo que
no hay creando una falta, y mientras el sujeto no sepa nada de ellas puede más o
menos arreglárselas en la vida. El problema o la coyuntura de desencadenamiento
de la neurosis sintomática ocurre cuando la respuesta ya no funciona y la pregunta demanda
una exigencia de significación, es decir, de construcción de sentido que no logra
estabilizarse como respuesta en consonancia o sintonía con el yo. En este sentido,
el fantasma neurótico es la respuesta a una pregunta sin respuesta, es decir, a
una pregunta sobre lo blanco del ejemplo, sobre lo real.
Ahora bien, veamos que lo que falta en el circulo es del
mismo orden que lo que falta en el triangulo, y lo podemos articular con la relación que Lacan establece entre la falta del sujeto y la falta en el Otro (En el esquema R, Lacan dice que el
plegado del esquema hace coincidir ambas faltas).
Sigamos imaginando. Supongamos que en algún momento nada faltaba, es decir, no había intervalos, y como dijimos, esa situación seria una escena en donde no podríamos diferenciar un significante de otro (falo simbólico), como así tampoco podríamos discriminar entre lo interno y lo externo.
A modo didáctico, podemos hacer un salto de la lógica de Lacan que es la de la significación a la de Freud centrada en el cuerpo y la pulsión: estamos
en el momento de indiferenciación entre el bebe y la teta.
Como ya sabemos, en la dinámica de la presencia y ausencia de la teta, se va a empezar a construir el pasaje de la necesidad, a la demanda y al deseo debido a la operación simbolizante que la madre realiza al otorgarle sentido al llanto del bebé. Si llora tiene hambre, aunque no lo tenga, y comienza a aparecer la sensación de placer desplazado de la necesidad de hambre. En un segundo momento, podríamos comenzar a pensar en la proto-demanda de placer por medio del chupeteo y no del hambre (autoerotismo). Y en un tercer momento, la ausencia de la teta y la consiguiente frustración, dando lugar a la demanda de una teta que no está, y que si no está es porque hay Otro que desea no estar, es decir, la introducción del plano del deseo y la demanda de amor. Lacan dice que el deseo es el resultado de restarle a la demanda la necesidad.
Para que haya deseo tuvo que haber presencia y luego
ausencia como requisito lógico. La representación simbólica de este par presencia-ausencia
se ve muy claramente en el juego del Fort Da de Freud, aunque en ese momento ya en torno al requerimiento de amor de la madre y no al puro placer como al inicio
de la vida en el plano del autoerotismo.
Lacan invertirá el orden, el Otro está antes incluso que el cuerpo, la teta y la pulsión, y esa legalidad es lo que permite que la presencia-ausencia se inscriba de modo simbólico en el sujeto. Lo que venimos diciendo, sobre la demanda de significación.
"El lenguaje esta ya presente en su eficacia en toda manifestación del rasgo unario" (Seminario 17, clase 11).
"Del goce solo se puede hablar como algo vinculado con el origen mismo de la entrada en juego del significante" (Seminario 17, clase 13).
Ahora bien, ese deseo no va a ser de cualquier forma, va a tener forma de circulo o de triangulo o de rombo o de hexágono, según sea la particularidad del borde simbólico singular que se halla construido en la relación con el Otro. El deseo incluirá así, la marca simbólica de esa experiencia singular con el Otro.
"Los agujeros reales ofertados por el cuerpo real se articulan con el intervalo creado por el circuito circular de los significantes y del sujeto. Por tal motivo son elevados a cumplir una función de la que carecen totalmente en el mundo animal. En la pulsión, el sujeto del inconsciente se localiza en tales agujeros corporales, los que se convierten, sólo por este motivo, en zonas erógenas, quedando el sujeto mismo equiparado a un aparejo agujereado. Así se establece una comunidad topológica entre los agujeros corporales y el sujeto del inconsciente, planteados por Lacan en el seno de la estructura fundamental de las relaciones de los campos del sujeto y del Otro.
El recorrido pulsional consiste en un trayecto circular. Tal trayecto es la forma en la que Lacan elabora las reversiones pulsionales propuestas por Freud. El vaivén pulsional circular se apoya en un agujero del cuerpo.[9] En tal recorrido cabe distinguir entre lo que Lacan designa aim, el trayecto, del goal, consistente en la vuelta sobre sí mismo o el cierre del circuito circular. Tal cierre entorna al objeto a, saliendo desde el campo del sujeto hacia el campo del Otro y retornando en forma invertida desde éste hacia al sujeto.
Se podría decir que el recorrido pulsional se apoya en su borde “externo” en la zona erógena y en el “interno” en el objeto. Alfredo Eidelsztein en su pagina web
Se pudiéramos pensar en la forma particular de lo que causa
ese deseo, es decir su envoltura formal singular, Lacan lo llama “objeto a”. El
cual es determinado por un lado por la acción simbólica con lo real (lo
blanco), la lógica presencia-ausencia y el goce. Por
esa razón, Lacan sitúa al “objeto a” en el centro del Nudo Borromeo, compuesto
por la inevitable relación entre lo real, lo imaginario y lo simbólico.
Nótese entonces que no es lo mismo el concepto de falta que inevitablemente se articula con la idea de demanda y los posibles objetos imaginarios que intenta colmarla, que el “objeto a” como objeto causa del deseo.
Otro ejemplo:
Imaginemos que entramos a una gran biblioteca y les pregunto
¿Qué libro falta? ¿Podrían contestar? Claramente, no lo podrían hacer, o en todo caso podrían decir un tímido "ninguno".
Ahora bien, si vamos a un estante en donde están todos los
tomos de la obra de Freud, y vemos que están ordenados por números (orden simbólico):
tomo 1, 2, 3, 5, 6, etc… y yo les vuelvo a preguntar ¿Qué falta? Uds claramente
podrían decir que falta el tomo 4, pero a esto lo pueden hacer solo si
contemplamos el orden simbólico preexistente por un lado y si hay una demanda de significación por el otro, es
decir, una pregunta sobre lo que falta.
En este ejemplo, el "objeto a" podría ser la etiqueta que marca el espacio donde debería estar el tomo 4, es decir, la representación de lo que no está, pero al mismo tiempo, su señalamiento, la exigencia de significación de lo que no es. Por eso es el objeto causa del deseo. Dicho de otra forma, el deseo de que en el lugar del n°4 haya algo, lugar que solo podemos concebir a partir de su señalamiento como ausencia (objeto a).
Hemos llegado hasta aquí sin prácticamente hacer referencia
al contenido o la clínica, y solo siguiendo cierta estructura argumental a
partir del pensamiento de Lacan.
Si logramos captar algo del orden de las relaciones, creo
que sería mucho más fácil ahora leer el texto de los seminarios o de sus Escritos
con estas referencias.
También es necesario mencionar o puntualizar tal como hemos mencionado, que para Lacan el concepto de Real difiere al postulado por Freud como "la carne" que es atravesada por el lenguaje, distinto también a lo real entendido como Goce desde Miller. Estos dos últimos postulan que existe "algo" previo a la intervención simbólica y que lo simbólico no puede nombrarlo todo, pero para Lacan, lo Real no es una existencia, no tiene carácter ontológico, sino que lo Real tal como el dice, es lo imposible, es la letra que lo matematiza, como vimos, es el intervalo (ya aproximaremos en otro escrito esta idea).
En este punto también vale mencionar la distinción entre el concepto de significante del de letra, en donde en nuestra metáfora sobre las partículas del "blanco" conforman significantes, siendo la función de la letra, del matema, la formulación de lo real, es decil, del intervalo, de lo blanco como imposible de significar en cada una de las veces en que hay una demanda de significación. Dicho de otro modo, lo real para Lacan no existe por fuera o independientemente de la actividad simbólica y solo lo podríamos nombrar o recortar con conceptos o a través de La Letra (la palabra blanco en sentido metafórico en nuestro ejemplo).
Por ultimo, comentarles que estas diferenciaciones quedan muy muy claras a partir de las excelentes publicaciones y explicaciones del psicoanalista Alfredo Edelsztein, quien también enuncia que Miller de haber inventado los distintos lacanes: el
primero, el segundo y el tercero (https://es.scribd.com/doc/263189212/El-Psicoanalisis-Milleriano-Alfredo-Eidelsztein).
Otra también, es la postura de Milner, ya que sostiene que Lacan ha mantenido siempre un mismo pensamiento estructural que atraviesa la totalidad de su obra.
"Líneas de fuga" para seguir pensando:
"La luz son partículas": Einstein recibió el premio nobel por su explicación del efecto fotoeléctrico, un fenómeno que demuestra la naturaleza corpuscular de la luz lo cual introduce el problema del "punto de vista" del científico.
"La física de Freud es la de Newton mientras que la de Lacan es la relatividad de Einstein y la física cuántica".
"La geometría de Freud es euclidiana, mientras que la de Lacan es topológica"
Nota final: en todo este trabajo nos centramos en una metáfora estructurada en dos dimensiones para introducir la posibilidad de aproximar el problema en Lacan hacia su enfoque topológico.
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