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¿Qué es un significante, el sujeto-supuesto-saber y el discurso para Lacan?

 En general, al menos en la facultad, la mayoría de las veces que intentan explicarnos lo que un significante es en la teoría de Lacan, lo hacen en referencia al concepto de signo, que Saussure trabaja en su "Curso de lingüística general", por lo que nos parece estratégico comenzar por allí e ir trabajando las modificaciones que Lacan introduce y algunas diferencias o problemas en torno a como Miller lo lee.

El esquema original de Saussure es el de la izquierda, concepto e imagen acústica, mientras que el esquema de la derecha corresponde al mismo esquema, pero con los nombre usuales de sus componentes básicos, para destacar su aspecto estructural:


El signo lingüístico está constituido por un significante y un significado. "El significante es la huella psíquica del signo (CLG, 88); en su esencia, no es fónico, es incorpóreo, constituido, no por su sustancia material, sino únicamente por las diferencias que separan su imagen acústica de todas las demás” (CLG, 142). Entiende por “significado” el concepto, o también la idea de la palabra (Saussure, Escritos sobre lingüística general, 113). Declara que “el signo lingüístico no une una cosa y un nombre, sino un concepto y una imagen acústica”. Afirma que la naturaleza del signo es arbitraria porque no tiene con el significado “nexo ninguno natural en la realidad”. No hay ideas preestablecidas ni nada es distinto antes de la aparición de la lengua. A la inversa, el espíritu no acoge más forma sonora que la que le sirve de soporte a una representación identificable para él; si no, la rechaza como desconocida o extraña. El significante y el significado, la representación mental y la imagen acústica, son pues las dos caras de una misma noción. Esta relación constituye la unidad del signo lingüístico. Propone conservar la palabra signo para designar el conjunto, y reemplazar concepto e imagen acústica respectivamente con significado y significante para señalar la oposición que los separa, sea entre ellos dos, sea del total del que forman parte (CLG, 89-90).

Destacamos en la definición, el carácter primario que tiene la representación sobre el sonido, es decir, si no estuviera dada la lógica del significante con anterioridad al hecho de hablar, no podríamos darle valor de signo lingüístico a ese sonido que escuchamos cuando una persona habla. Esta es la diferencia entre oír un sonido y escuchar una palabra.

Esto es importante porque Lacan toma de forma literal esta función del significante como representación psíquica vacía de sentido o significado y destaca de la misma forma, su existencia previa a cualquier acontecimiento lingüístico del decir. Ya veremos en breve, que Lacan modifica el esquema del signo de Saussure pero claramente pone en un lugar destacado la noción de significante como huella psíquica (en un sentido similar, pero no igual, a las primeras concepciones de Freud sobre la huella del inconsciente).

Antes de continuar, veamos que dice Jaques Alain Miller sobre el concepto de significante en Miller, J (2011) Como se inician los análisis:

Claramente Miller homologa a estatus de significante lo siguiente: las palabras, el material, la materia significante, los sonidos, los fonemas, las letras; por lo que podemos inferir que para él los significantes pueden ser externos al sujeto que habla y homologables al sonido. Esto es interesante, porque desde aquí en adelante se desprenden innumerables consecuencias teóricas y clínicas si es que adoptamos la posición de Miller con respecto a la de Lacan, y que claramente podemos relacionar con la concepción de posición respecto al decir que Miller desarrolla. 
En ese trabajo de Miller, y podríamos decir que en casi todos, pareciera o da la impresión que el autor oscila entre una concepción propia por un lado y la concepción de Lacan por el otro, y a menudo sosteniendo estas contradicciones en sus conferencias y escritos. Para quienes hemos optado la iniciativa de comenzar a leer a Lacan desde Lacan mismo, al leer a Miller, nos queda la sensación de poca claridad, de contradicción o de falta de coherencia con respecto al material literal de Lacan.
En cambio, para quienes eligen comenzar a leer a Lacan desde Miller, pareciera que adoptan una posición similar al autor, que es la de reproducir lar inconsistencias y contradicciones, seguramente sin saberlo, por el simple hecho de considerarlo un portavoz legitimo y elocuente en cuanto a la teoría de Lacan, fenómeno que parece obedecer mas en la fe que se tienen en el autor o al poder en cuanto a su rol en la institucionalidad psicoanalítica o al marketing en torno a su figura, que por el contrario, a la rigurosidad argumental sobre el estudio de la teoría. Desde esta misma posición, en general, también se destaca la dificultad teórica para "entender" a Lacan como si fuera necesario una hazaña para poder comprender algo. Nuestra hipótesis es que Miller mismo es quien introduce las contradicciones que son aquellas que suman gran dificultad al leer a Lacan, corriendo la misma suerte los términos de localización y posición subjetiva, como así también el de rectificación subjetiva, el concepto de sujeto-supuesto-saber y el concepto de goce de Lacan que son re-interpretados por Miller.
Introducir este problema es necesario ya que en el imaginario social de las y los analistas, de las y los profesores, la concepción hegemónica, lo que llamamos lacanismo o lacananianos, en general corresponde a la linea desarrollada desde la posición de Miller.

Bien, continuemos con la idea de significante para Lacan y que dicho de paso, podemos asegurar, que es una concepción inmutable en toda su obra, es decir, conforma una suerte de punto fijo que mantiene sin modificaciones, aunque si modifica a partir del seminario 20, la forma en que estos significantes se organizan pasando de la lógica de cadena a la lógica de enjambre o bahia.

Comencemos por algunas citas de Lacan y mostrando como dibuja la relación sgte-sgdo:


El significante no es el portador del significado, sino que el significado se desliza bajo el significante.
Es en el intervalo entre dos significantes donde se inserta, en el tiempo, el sujeto del inconsciente.”  — Escritos, “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud” (1957). Lacan retoma aquí la idea saussureana del signo lingüístico, pero invierte su lógica: el significante domina al significado y no al revés. También nos parece crucial la idea de tiempo, lo que refiere a la dimensión diacrónica del lenguaje, es decir, la del decir.

El inconsciente está estructurado como un lenguaje, y lo que el psicoanálisis nos enseña es que el inconsciente está hecho de significantes.” — Seminario XI: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (1964). En esta cita, muchas y muchos lectores leen "es un lenguaje" y lo confunden con las propiedades de la enunciación o del decir. Remitimos al lector a la distinción entre lenguaje, lengua y decir en lingüística. El lenguaje para Lacan, son los significantes.

El significante introduce la pérdida, la castración, y con ello, el goce.” — Seminario XVII: El reverso del psicoanálisis (1969-1970). Aquí Lacan vincula el significante con la estructura del deseo y la falta, elementos centrales en su teoría del sujeto. También se relaciona con la metáfora paterna y su resultado como significación fálica. La dimensión del significante introduce la idea del "no todo", del intervalo y la castración (aquí explicamos la idea de intervalo, falta y deseo). 

El significante es lo que representa al sujeto para otro significante.”— Seminario XX: Aún (1972-1973). Esta es una de las definiciones más famosas y complejas de Lacan. Aquí, el sujeto no es una entidad estable, sino que se constituye en la cadena de significantes cuando esta ultima se pone en funcionamiento, es decir, en su efecto de representar durante la acción de significar. Explicamos esta idea con una metáfora pedagógica aquí en torno a la idea de intervalo.

Resumiendo, Lacan le quita al modelo de Saussure los vectores de co-determinación entre sgte y sdo y el circulo que vendría a connotar una unidad lingüística, ya que para él, no hay unidad entre los significantes y sus significados. Esto se condice con los desarrollos posteriores a Saussure en lingüística y que son mas contemporáneos de Lacan.
Para Lacan, la unidad mínima lingüística es el significante y prexiste no solo a la lengua (en el sentido del concepto para la lingüística, ya que Lacan va a formular el concepto de lalengue para hablar sobre lo lingüístico independientemente de la lógica significante), sino también, al sujeto, lo cual, justamente, dota de sentido prácticamente a toda su teoría y también a su clínica, ya que entonces el lugar del Otro, topológicamente hablando, no es un otro individuo sino una función del propio sujeto, a la que Lacan llama, "el tesoro de los significantes". Dicho de otra forma, en el inconsciente solo hay significantes, no signos, por lo que el inconsciente no tiene la posibilidad de representar cosas, como si lo hace el signo lingüístico en el marco del decir. Es interesante poder pesquisar la distinción entre significante y signo en torno a la forma en que el individuo autista se relaciona con la comunicación (planteamos la articulación posible acá).
Otro consecuencia de esta concepción y que lo distingue de Freud, es que si solo hay significantes, no habría tampoco símbolos en el sentido de las "representaciones cosa" de Freud.
Un significante entonces, solo representa a otro significante dentro de una cadena, siendo esta cadena cuando es llamada a la significación, la causante de un sujeto. 
Para que sea posible la acción de significar (la significación) es necesario al menos dos significantes (metonimia), pero que en realidad, son cuatro si uno contempla la función de metáfora. Como vemos mas adelante en las propias palabras de Lacan en la lógica de discurso, cuando el escribe S1-S2, el S2 representa a una batería significante, no a un solo significante, es lo que el llama "saber" pero en un sentido muy especifico en su teoría, no en el sentido de saber académico.
La consecuencia lógica de esta relación entre significantes es aun mas interesante: si no hay llamado a la significación, lo único que hay, son significantes sueltos. Entonces, lo que une a los significantes en cadena es la significación, y por lo tanto, toda significación supone un sujeto. 
Digámoslo de otra forma: el sujeto solo existe cuando se pone en marcha el acto del lenguaje, pero con una salvedad, no como un sujeto externo al mismo, sino como efecto en el intervalo.

El significante es lo que representa a un sujeto para otro significante.”— Seminario IX: La identificación (1961).

Veamos otra consecuencia teórica de que el sujeto se localice en el intervalo significante: si ese es su lugar, no puede ser externo al mensaje, es decir, no puede ser externo al acto de la enunciación, por lo que en este sentido no es lo mismo el concepto de sujeto para Lacan que el concepto de sujeto para la Teoría de la Enunciación.
Dicho de otra manera, tratar de ubicar al sujeto en una posición con respecto al decir, es una postura que nada tiene que ver con lo esencial de la teoría de Lacan, porque justamente no hay posibilidad de metalenguaje:

No hay metalenguaje que permita decir la verdad sobre la verdad.” Seminario XX: Aún (Encore)
Esta afirmación es central en la enseñanza de Lacan, especialmente en su crítica a la idea de que pueda existir un punto de vista externo, neutro o totalizante desde el cual se pueda hablar del lenguaje o del sujeto sin estar implicado en él.

Veamos que dice Miller sobre la ubicación del sujeto sobre el decir, en lo que el llama localización subjetiva o lógica modal y que lo homologa al concepto de posición subjetiva (de modalización discursiva):


Miller, J-A. (1997) I. Método. En Introducción al método psicoanalítico. Eolia. Paidós (Pagina 42) 

En lacan, entonces, si cobra algún tipo de valor el concepto de posición subjetiva no lo será nunca con respecto al decir, sino que en todo caso, con respecto a lo que viene del "lado" del Otro: el deseo, el goce, el saber, el reconocimiento. Antes de continuar, recordemos lo que dijimos del Otro como lugar, pero en palabras de Lacan:

"El Otro no existe.”— Seminario XX: Aún (1972-1973). No significa que no haya alteridad o que no haya lenguaje, sino que el Otro como garante absoluto del sentido, como lugar completo del saber o de la verdad, es una ficción...

El sujeto recibe su propio mensaje del Otro en forma invertida.” Esta cita aparece en el Seminario 1 "Los escritos técnicos de Freud", y también es retomada en el Seminario 3, "Las psicosis".

Este punto es muy interesante, porque el concepto de Otro es la de un lugar, una función (en el sentido mas matemático posible), y que en sentido estricto no se distingue de la noción de sujeto. Son ambos conceptos metapsicológicos del espacio topológico que podemos situar en el ámbito de la intersubjetividad. La idea de Otro sirve para poder operar y localizar la función de la determinación subjetiva en el sujeto desde el plano simbólico, y que esto incluye, las representaciones de los otros reales con los que el sujeto se ha vinculado y se vincula durante su vida.

Este estado de cosas, es ideal para contrastar con la hipótesis de Miller de los diferentes momentos teóricos de Lacan. Ya hemos dicho en otro lado, que no estamos de acuerdo en situar como discontinuidades epistemológicas los distintos momentos en las estrategias de enseñanza, de la misma forma en que a nadie se le ocurriría pensar en decir, que el desarrollo de las matemáticas tiene distintos momentos epistemológicos, a partir de la lectura del programa de estudios de la asignatura desde donde se enseña: primero nos enseñan a contar, luego a sumar, luego a multiplicar, etc.

En lo que si podemos estar de acuerdo con Miller, y el propio Lacan lo dice cada vez que sucede, es que elige formalizar con modelos distintos fenómenos similares, para poder echar luz de lo mismo desde ángulos distintos, y por lo tanto, produciendo sentidos nuevos. De esta forma se integran elementos nuevos sin abandonar o marcar discontinuidades con lo anterior. Cualquiera que haya captado la estructura del pensamiento de Lacan podrá afirma exactamente lo mismo a lo largo y ancho de su obra.

Retomando...

Habíamos dicho que los significantes solo remiten a otros significantes en una cadena, pero también que un significante representa a un sujeto, ¿Cómo es esto posible si una cadena se significa a si misma de forma interna? La solución es mucho mas sencilla de lo que se imaginan.

Lacan dibuja antes del seminario 20, la serie significante con una forma típica del algebra matemática para la serie numérica: (S1, S2, S3....Sn), don n es variable de cualquier numero tendiente al infinito. 

A partir de este punto vale introducir una diferenciación que se le escapa a casi todo lector de Lacan: la distinción entre serie significante y cadena significante. La serie implica elementos del mismo orden o conjunto, mientras que la cadena implica unión.

De esta forma podemos diferenciar que hablamos de serie significante cuando no ponemos el acento en lo que une a cada significante y cadena significante cuando hacemos hincapié en lo que une un significante con otro, que no es ni mas ni menos, que la significación. Si no hay significación, no hay cadena, pero si hay serie. 

"Con la segunda  propiedad  del  significante  de  componerse  según  las  leyes  de  un  orden cerrado, se afirma la necesidad del sustrato topológico del que da una aproximación el término de cadena significante que yo utilizo ordinariamente anillos cuyo collar se sella en el anillo de otro collar hecho de anillos" - “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud” (1957)

Otra cuestión muy interesante, es que esta cadena estaría unido por anillos, pero no cualquier anillo, sino por las figuras topológicas del toro:

El toro es una superficie que permite representar la estructura del sujeto como una cadena cerrada, donde el significante se articula en su retorno.” Seminario IX: La identificación (1961-1962) Lacan introduce el toro como una figura que permite pensar la estructura del sujeto y la cadena significante. Habla del toro como una superficie que puede ser cortada y reconfigurada, lo que representa cómo el significante se articula en el inconsciente.

Entonces, dicho esto, toda cadena significante en marcha, es decir, con efecto de significación, supone lógicamente, a "algo" que inicia ese efecto de significación. Dicho de otra forma, todo verbo "significar" implica un sujeto que realice la acción. Pero si suponemos los significantes como ya existentes, dentro de una serie, el sujeto que inicia esa significación solo puede iniciarla desde un intervalo en esa serie, produciendo mediante la acción de significar, una cadena entre significantes.

Justamente por todo esto, es que lacan grafica la acción de significar, con una flecha o vector y que implica una dirección que no es azarosa.

Ubiquemos el algoritmo de la transferencia para ejemplificar esto:


Arriba tenemos el significante de la transferencia que es el que inicia la significación (representada por la flecha) y que es dirigida a un significante cualquiera, que ya sabemos que es donde Lacan sitúa al analista.

Debajo de la barra tenemos una serie significante y un significado asociado a dicha serie (la s pequeña).

¿Que quiere decir lo que esta debajo de la barra entonces?

Varios de nosotros podríamos estar tentado a leer lo que esta debajo de la barra como "significación", pero esto seria un error, que no es otro en el que el mismo Miller cae:

Miller, J (2011) Como se inician los análisis.

Ese algebra debajo de la barra no puede ser nunca una significación por varias razones: primero porque hace falta un sujeto para iniciar una significación, y como ya vimos un sujeto "aparece" en un intervalo entre dos significantes cuando la cadena se pone en marcha, no en la serie significante. Esto implicaría entonces, necesariamente, pensar un sujeto EN el inconsciente y no DEL inconsciente, siendo la ultima posición la de Lacan según nuestra lectura; como segunda razón, ya dijimos que Lacan simboliza la puesta en marcha de la significación con una flecha y debajo de la barra no hay ninguna, ya que la sitúa de forma coherente con su teoría, de un significante (el de la transferencia) a otro significante (cualquiera que representa a un analista).

Lo que esta debajo de la barra, también podría escribirse de la siguiente forma: s(A) ya que A, el Otro, es el "tesoro de los significantes". De esta forma queda mas clara la lectura, que seria la siguiente: el significado del Otro, que como vemos en el grafo del deseo, coincide con el significado inconsciente del síntoma.


Como mensaje, y significado del Otro, el síntoma es producto de la cadena significante, en la que la pregunta por la existencia y por la sexualidad planteada como sujeto en análisis, situada en el Otro (A) como lugar simbólico, se articula y se metaforiza en los síntomas con especial fijeza e insistencia. Para Lacan, el mensaje que se repite como síntoma lejos de interesar y concernir a quién habla, implica toda "su historia y sus ancestros", de allí que se inscribe como significado del Otro (A), con la notación s (A). Lacan, Seminario XIV .

Consecuencias:

  • Si es un significado del Otro, no hay sujeto formalizado.
  • Si el Otro no existe (como vimos mas arriba) tenemos que suponer que en algún momento hubo un sujeto que inicie la producción de un significado.
  • Si hay un significado en el Otro, entonces es un significado inconsciente.
  • Si es un significado inconsciente, nadie sabe que existe, ni el analista, ni el analizado.
  • Para que haya acto analítico, debemos SUPONER que hay un sujeto que produjo un significado mediante un echo de significación, pero que ese resultado, ha devenido significado inconsciente (sujeto-supuesto-saber).
Desde el seminario 8 "La Transferencia" en adelante, la idea de sujeto-supuesto-saber es crucial para entender la relación analítica, ya que es el paso necesario para que la relación transferencial se produzca. Por lo tanto, desde el analizado se envía la pregunta hacia el analista, y el analista responde suponiendo que un sujeto produjo el saber inconsciente del analizado. La clave esta en poner el acento no en la suposición de un saber, sino en la suposición de un sujeto productor de ese saber (tal como el propio Lacan acentúa a partir de seminario 11, y que lo pueden rastrear usando el buscador).
Esta lógica es la que permite relacionar lo no sabido del lado del sujeto con la determinación de un Otro significativo para el sujeto, y esta determinación, el analista, solo la capta cuando interpreta la transferencia, es decir, cuando interpreta a quien significativo del sujeto representa el analista en la neurosis de transferencia. Y la neurosis de transferencia se monta a partir de la transferencia simbólica, no antes, al menos no para Freud, ni para Lacan.

Justamente por esto, Lacan dice en "Dirección de la cura" que los analista pueden perderse al invertir el orden de intervención que el sugiere:

Lacan: Rectificación subjetiva (transferencia imaginaria)>transferencia (simbólica)>interpretación.

Analistas extraviados: Interpretación>transferencia (imaginaria)>rectificación subjetiva.

No se nos pasa de largo que hay analistas que piensan la interpretación analítica a lo Klein, es decir, desde una clave fija de la teoría, o también, aquellos analistas que interpretan desde la transferencia imaginaria tal como Lacan le critica a Freud en su intervención con Dora.



"EL REVERSO DEL PSICOANALISIS 1969-1970" Seminario 17:
 La lógica de los discursos.

Empecemos con la cita textual de Lacan en la que es muy muy claro:

"¿Qué quiere decir esto? Resulta que el año pasado distinguí, de forma muy insistente, el discurso como una estructura necesaria que excede con mucho a la palabra, siempre más o menos ocasional. Prefiero, dije, incluso lo escribí un día, un discurso sin palabras. Porque en realidad, puede subsistir muy bien sin palabras. Subsiste en ciertas relaciones fundamentales. Estas, literalmente, no pueden mantenerse sin el lenguaje. Mediante el instrumento del lenguaje se instaura cierto número de relaciones estables, en las que puede ciertamente inscribirse algo mucho más amplio, algo que va mucho más lejos que las enunciaciones efectivas. Estas no son necesarias para que nuestra conducta, eventualmente nuestros actos, se inscriban en el marco de ciertos enunciados primordiales. Si no fuera así, ¿qué sería de lo que encontramos en la experiencia, especialmente la analítica - que mencionamos en este punto porque a ella precisamente nos referimos -, ¿qué ocurriría con lo que hallamos bajo la forma del superyó? "

("Se inscriban en enunciados primordiales": leemos que refiere a la Transferencia simbólica)

Hay estructuras - no podemos designarlas de otro modo - para caracterizar lo que se puede obtener de ese en forma de que el año pasado me permití acentuar con un uso específico, es decir, lo que se produce por la relación fundamental, tal como la defino, de un significante con otro significante. De ello resulta la emergencia de lo que llamamos el sujeto - por el significante que, en cada caso, funciona como representando a este sujeto ante otro significante
¿Cómo situar esta forma fundamental? Este año vamos a escribir esta forma, sin más preámbulos, de una manera nueva. El año pasado la escribí como la exterioridad del significante S1, del que parte nuestra definición de discurso tal como vamos a ponerla de relieve en este primer momento, con respecto a un círculo marcado con la sigla A, es decir, el campo del gran Otro. Pero, simplificando, consideramos S1 y la batería de los significantes, designada por el signo S2. Se trata de los significantes que ya están ahí, mientras que en el punto de origen en el que nos situamos para establecer qué es el discurso, el discurso en su estatuto de enunciado, S1 debe considerarse como el significante que interviene. Interviene sobre una batería significante que nunca, de ningún modo, tenemos derecho a considerar como dispersa, como si no formara ya la red de lo que se llama un saber. 
De entrada se plantea este momento en que S 1 viene a representar algo, por su intervención en el campo definido, en este punto en el que nos hallamos, como el campo previamente estructurado de un saber. Y su supuesto, es el sujeto, en tanto representa este rasgo específico que debe distinguirse del individuo viviente. Este último es, seguramente, el lugar, el sitio de la marca, pero lo que el sujeto introduce por medio del estatuto del saber es de otro orden. 

(En otro trabajo, habíamos situado al objeto a, como la marca que señala la falta, el lugar del cuerpo orgánico, es decir, del individuo, ya perdido a partir de la intervención del mundo significante).

Sin duda, aquí está, en torno a la palabra saber, el punto de ambigüedad que tomamos hoy para acentuar algo para lo que ya he sensibilizado sus oídos por distintas vías, caminos, en momentos luminosos, con destellos de flash. 

¿Es preciso que se lo recuerde a quienes ya han tomado nota de ello, de eso que tal vez esté todavía dando vueltas en su cabeza? El año pasado di en llamar saber al goce del Otro. Cosa extraña. Es una fórmula que, a decir verdad, nadie había proferido antes. Ya no es nueva, puesto que el año pasado ya pude darle ante ustedes la suficiente verosimilitud, sostenerla sin levantar demasiadas protestas. Este es uno de los puntos que anuncié para nuestra cita de este año. 

(Mas adelante de este mismo seminario, trabaja la dialéctica del amo y el esclavo y lo articula con el goce. Pueden situarlo en el siguiente trabajo)

De entrada completemos lo que primero tuvo dos pies, luego tres, démosle el cuarto. He insistido en él desde hace bastante tiempo y especialmente el año pasado, ya que desde hace bastante tiempo el seminario pretendía eso De Otro al otro, lo titulé. Este otro, el pequeño, con este el que le da notoriedad, era lo que en este nivel, que es de álgebra, de estructura significante, designamos como objeto a. 

En este nivel de estructura significante, todo lo que debemos saber es cómo opera. Así, somos libres de ver qué ocurre si escribimos las cosas de tal forma que se dé a todo el sistema un cuarto de vuelta. 

Voy hablando de este cuarto de vuelta desde hace bastante tiempo, y en ocasiones distintas - especialmente desde que apareció aquello que escribí bajo el título de Kant con Sade - como para que se haya podido pensar que tal vez algún día se vería que esto no se limita al esquema llamado Z, y que este cuarto de vuelta tiene razones distintas del puro accidente de representación imaginaria"

Fin de la cita (las letras en negrita y el subrayado son míos)


Entonces, como indica Lacan, si se da un cuarto de vuelta al matema del inicio y continuamos girando  hacia la derecha, obtenemos todos los discursos (en la imagen no están en orden):


"¿Qué dice? Sitúa un momento. La continuación de lo que desarrollará aquí nuestro discurso nos dirá qué sentido conviene dar a este momento. Esta fórmula dice que en el preciso instante en que interviene S1 en el campo ya constituido por los otros significantes en la medida que se articulan ya entre ellos como tales, al intervenir sobre otro, sobre otro sistema, surge esto, $, que es lo que hemos llamado el sujeto en tanto dividido. Este año debemos considerar otra vez su estatuto, con todo su acento. Finalmente, hemos acentuado desde siempre que de este trayecto surge algo que se define como una pérdida. Esto es lo que designa la letra que se lee como el objeto a. No hemos dejado de señalar el punto de donde extraemos esta función del objeto perdido. Del discurso de Freud sobre el sentido específico de la repetición en el ser que habla. En efecto, de lo que se trata en la repetición no es en absoluto de un efecto de memoria en el sentido biológico, cualquiera que sea. La repetición tiene cierta relación con lo que, de este saber, está en el límite y se llama goce. Por eso en la fórmula que dice que el saber es el goce del Otro, de lo que se trata es de una articulación lógica. Del Otro, por supuesto, en tanto - puesto que no hay ningún Otro - la intervención del significante lo hace surgir como campo".

(Intervenir sobre otro, es la acción de significar)

"¿Qué resulta de todo lo que él articula? No el saber, sino la confusión. Pues bien, incluso la confusión debe hacernos reflexionar, puesto que se trata de los límites y de salir del sistema. Salir, ¿en virtud de qué? De una sed de sentido, como si el sistema tuviera necesidad de él. No tiene ninguna necesidad, el sistema. Pero nosotros, seres débiles, tal y como nos hallaremos en los momentos decisivos en el curso de este año, tenemos necesidad de sentido. Pues bien, he aquí uno. 

Tal vez no sea el verdadero. Pero también es cierto que veremos muchos tal vez no sea el verdadero, que por su misma insistencia nos sugieren propiamente la dimensión de la verdad. 

Nótese la ambigüedad que ha adquirido en la estupidez psicoanalítica la palabra Trieb, en vez de aplicarse a entender cómo se articula esta categoría. No carece de ancestros - quiero decir que esta palabra ya había sido empleada antes -, y se remontan lejos, hasta Kant, pero para lo que sirve en el discurso analítico más valdría no precipitarse a traducirla demasiado deprisa por instinto. Pero después de todo, estos deslizamientos no se producen sin razón, y aunque hace mucho tiempo que insistimos en el carácter aberrante de esta traducción, aun así estamos en nuestro derecho si sacamos algún provecho de ella. Por supuesto, no para consagrar, sobre todo en lo que a esto se refiere, la noción de instinto, sino para recordar lo que la hace habitable en el discurso de Freud, y simplemente para tratar de hacer habitar este discurso de otra forma. 

Popularmente, la idea de instinto es la idea de un saber, de un saber del que no somos capaces de decir qué significa, pero se supone, y no sin razón, que su resultado es que la vida subsiste. Por el contrario, si damos un sentido a lo que Freud enuncia del principio del placer como esencial para el funcionamiento de la vida, si consiste en el mantenimiento de la tensión más baja, ¿no supone esto ya decir lo que la continuación de su discurso demuestra que se le impone? O sea, la pulsión de muerte. 

Esta noción se le impone por el desarrollo de una experiencia, la experiencia analítica, en tanto es estructura de discurso. Puesto que no debemos olvidar que la pulsión de muerte no se inventa observando el comportamiento de la gente. 

La pulsión de muerte, la tenemos aquí. La tenemos cuando se produce algo entre ustedes y lo que yo digo.".....

"Lean lo que Freud dice de la resistencia de la vida frente a la tendencia al Nirvana, tal como se llamó la pulsión de muerte cuando la introdujo. Sin duda, esta tendencia a volver a lo inanimado se hace presente en la experiencia analítica, que es una experiencia de discurso. 

Freud llega hasta aquí. Pero si esa burbuja - al leer aquellas páginas se impone esta imagen - subsiste, es porque la vida vuelve allí únicamente por caminos siempre iguales y que quedaron trazados en su día. 

¿Qué es esto, sino el verdadero sentido de lo que hallamos en la noción de instinto, la implicación de un saber? Este sendero, este camino, lo conocemos, es el saber ancestral. Y este saber, ¿qué es? si no olvidamos que Freud introduce lo que él mismo llama el más allá del principio del placer, que no por ello resulta desbaratado. El saber es lo que hace que la vida se detenga en un cierto límite frente al goce. Puesto que el camino hacia la muerte - de eso se trata, de un discurso sobre el masoquismo-, el camino hacia la muerte no es nada más que lo que llamamos el goce. 

Hay una relación primaria del saber con el goce, y ahí se inserta lo que surge en el momento en que aparece el aparato que corresponde al significante. Por eso es concebible que vinculemos con esto la función del surgimiento del significante. Ya basta, dirán, ¿tenemos que explicarlo todo? ¿Y por qué no el origen del lenguaje? Ya se sabe que para estructurar correctamente un saber hay que renunciar a la cuestión de los orígenes. Lo que hacemos al articular esto es superfluo en relación con lo que tenemos que desarrollar este año, que se sitúa en el nivel de la estructura. Es una vana búsqueda de sentido. Pero, como ya he dicho, tengamos en cuenta lo que somos. De modo que sigo. En esa juntura de un goce - y no cualquiera, sin duda debe permanecer opaco -, en la juntura de un goce privilegiado entre todos - no porque sea el goce sexual, puesto que lo que este goce designa por el hecho de estar en la juntura, es la pérdida del goce sexual, la castración -, es en relación con la juntura con el goce sexual que surge, en la fábula freudiana de la repetición, el engendramiento de algo radical, que da cuerpo a un esquema literalmente articulado. Una vez surgido S1, primer tiempo, se repite ante S2 . De esta puesta en relación surge el sujeto, representado por algo, por cierta pérdida, ha valido la pena hacer este esfuerzo hacia el sentido para comprender su ambigüedad. 

(opone el concepto de goce del placer sexual, es decir, de la libido, y por lo tanto de la pulsión)

No en vano el año pasado llamé plus de goce a este objeto, del que por otra parte dije que, en el análisis, toda la dialéctica de la frustración se organiza a su alrededor. Esto significa que la pérdida del objeto es también la hiancia, el agujero que se abre a algo que no se sabe si es la representación de la falta de goce, que se sitúa por el proceso del saber en tanto éste adquiere un acento muy distinto, porque desde entonces es saber escandido por el significante. ¿Es acaso el mismo incluso? 

La relación con el goce se acentúa, de pronto, por esa función, todavía virtual, que se llama el deseo. Por esta misma razón llamo plus de goce a lo que surge aquí, no lo articulo como un forzamiento o una transgresión.".....

Pues bien, incluso eso, tal vez es eso lo que hay que pagar. Por eso el año pasado les dije que en Marx se reconoce que este a de aquí funciona en el nivel que se articula - en el discurso analítico, y no en otro - como plus de goce. Esto es lo que Marx descubre como lo que es realmente la plusvalía. 

Por supuesto, no fue Marx quien inventó la plusvalía. Sólo que antes nadie sabía qué lugar tenía. Era el mismo lugar ambiguo del que hablaba hace un momento, el trabajo de más, el plus de trabajo. ¿Qué se paga con eso, se pregunta él, sino precisamente goce, que es preciso que vaya a algún lugar? "


CONTINUAMOS EL DESARROLLO EN EL SIGUIENTE TRABAJO


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Sobre el conflicto en la facultad de psicología: libertarios vs. el resto.

Venimos pensando la mediación y la gestión adecuada de conflictos como herramientas cívicas y políticas que mejoran la convivencia social en sintonía con los valores democráticos y la tendencia hacia la paz social.   Los conflictos que vienen sucediendo en distintas universidades y facultades entre militantes opositores al gobierno nacional y las agrupaciones estudiantiles que representan a este último en las universidades, me han motivado una serie de preguntas y reflexiones que me gustaría compartir. Las agrupaciones estudiantiles libertarias acusan a las agrupaciones opositoras de antidemocráticas, debido a que no están permitiendo que puedan instalar sus mesas en el ámbito universitario público. Las primeras, también refieren que no se estarían cumpliendo los principios de “pluralidad”, el de “convivencia” y el de “participación” que como ya sabemos, se relacionan con el concepto de democracia. Del otro lado, desde las agrupaciones opositoras, se alega que las agrupa...

LACAN (1971). "La dirección de la cura y los principios de su poder". La interpretación, la transferencia y la posición del analista.

 En la misma linea sobre pedagogía y psicoanálisis del trabajo anterior, hoy trataremos de despejar alguna cuestiones sobre el lugar de la interpretación analítica y la posición del analista en el texto "La dirección de la cura". La metáfora del Bridge. Es usual escuchar decir que "Lacan dice que la posición del analista es la del muerto" o que "debe actuar como si fuera un muerto", pero, ¿realmente es lo que dice o es lo que le hacen decir? "Rostro cerrado y labios cosidos, no tienen aquí la misma finalidad que en el bridge. Mas bien con esto el analista se adjudica la ayuda de lo que en ese juego se llama el muerto, pero es para hacer surgir al cuarto que va a ser aquí la pareja del analizado ". Fíjense que el analista no es el muerto , sino que se ayuda de  esa función para ... en este caso, "hacer surgir al cuarto".  ahora bien, hay dos formas de entender a este cuarto como pareja del analizado, como un otro al cual se identific...