En general, al menos en la facultad, la mayoría de las veces que intentan explicarnos lo que un significante es en la teoría de Lacan, lo hacen en referencia al concepto de signo, que Saussure trabaja en su "Curso de lingüística general", por lo que nos parece estratégico comenzar por allí e ir trabajando las modificaciones que Lacan introduce y algunas diferencias o problemas en torno a como Miller lo lee.
El esquema original de Saussure es el de la izquierda, concepto e imagen acústica, mientras que el esquema de la derecha corresponde al mismo esquema, pero con los nombre usuales de sus componentes básicos, para destacar su aspecto estructural:
El signo lingüístico está constituido por un significante y un significado. "El significante es la huella psíquica del signo (CLG, 88); en su esencia, no es fónico, es incorpóreo, constituido, no por su sustancia material, sino únicamente por las diferencias que separan su imagen acústica de todas las demás” (CLG, 142). Entiende por “significado” el concepto, o también la idea de la palabra (Saussure, Escritos sobre lingüística general, 113). Declara que “el signo lingüístico no une una cosa y un nombre, sino un concepto y una imagen acústica”. Afirma que la naturaleza del signo es arbitraria porque no tiene con el significado “nexo ninguno natural en la realidad”. No hay ideas preestablecidas ni nada es distinto antes de la aparición de la lengua. A la inversa, el espíritu no acoge más forma sonora que la que le sirve de soporte a una representación identificable para él; si no, la rechaza como desconocida o extraña. El significante y el significado, la representación mental y la imagen acústica, son pues las dos caras de una misma noción. Esta relación constituye la unidad del signo lingüístico. Propone conservar la palabra signo para designar el conjunto, y reemplazar concepto e imagen acústica respectivamente con significado y significante para señalar la oposición que los separa, sea entre ellos dos, sea del total del que forman parte (CLG, 89-90).
Destacamos en la definición, el carácter primario que tiene la representación sobre el sonido, es decir, si no estuviera dada la lógica del significante con anterioridad al hecho de hablar, no podríamos darle valor de signo lingüístico a ese sonido que escuchamos cuando una persona habla. Esta es la diferencia entre oír un sonido y escuchar una palabra.
Esto es importante porque Lacan toma de forma literal esta función del significante como representación psíquica vacía de sentido o significado y destaca de la misma forma, su existencia previa a cualquier acontecimiento lingüístico del decir. Ya veremos en breve, que Lacan modifica el esquema del signo de Saussure pero claramente pone en un lugar destacado la noción de significante como huella psíquica (en un sentido similar, pero no igual, a las primeras concepciones de Freud sobre la huella del inconsciente).
Antes de continuar, veamos que dice Jaques Alain Miller sobre el concepto de significante en Miller, J (2011) Como se inician los análisis:
“El significante no es el portador del significado, sino que el significado se desliza bajo el significante.”
En lacan, entonces, si cobra algún tipo de valor el concepto de posición subjetiva no lo será nunca con respecto al decir, sino que en todo caso, con respecto a lo que viene del "lado" del Otro: el deseo, el goce, el saber, el reconocimiento. Antes de continuar, recordemos lo que dijimos del Otro como lugar, pero en palabras de Lacan:
"El Otro no existe.”— Seminario XX: Aún (1972-1973). No significa que no haya alteridad o que no haya lenguaje, sino que el Otro como garante absoluto del sentido, como lugar completo del saber o de la verdad, es una ficción...
“El sujeto recibe su propio mensaje del Otro en forma invertida.” Esta cita aparece en el Seminario 1 "Los escritos técnicos de Freud", y también es retomada en el Seminario 3, "Las psicosis".
Este punto es muy interesante, porque el concepto de Otro es la de un lugar, una función (en el sentido mas matemático posible), y que en sentido estricto no se distingue de la noción de sujeto. Son ambos conceptos metapsicológicos del espacio topológico que podemos situar en el ámbito de la intersubjetividad. La idea de Otro sirve para poder operar y localizar la función de la determinación subjetiva en el sujeto desde el plano simbólico, y que esto incluye, las representaciones de los otros reales con los que el sujeto se ha vinculado y se vincula durante su vida.
Este estado de cosas, es ideal para contrastar con la hipótesis de Miller de los diferentes momentos teóricos de Lacan. Ya hemos dicho en otro lado, que no estamos de acuerdo en situar como discontinuidades epistemológicas los distintos momentos en las estrategias de enseñanza, de la misma forma en que a nadie se le ocurriría pensar en decir, que el desarrollo de las matemáticas tiene distintos momentos epistemológicos, a partir de la lectura del programa de estudios de la asignatura desde donde se enseña: primero nos enseñan a contar, luego a sumar, luego a multiplicar, etc.
En lo que si podemos estar de acuerdo con Miller, y el propio Lacan lo dice cada vez que sucede, es que elige formalizar con modelos distintos fenómenos similares, para poder echar luz de lo mismo desde ángulos distintos, y por lo tanto, produciendo sentidos nuevos. De esta forma se integran elementos nuevos sin abandonar o marcar discontinuidades con lo anterior. Cualquiera que haya captado la estructura del pensamiento de Lacan podrá afirma exactamente lo mismo a lo largo y ancho de su obra.
Retomando...
Habíamos dicho que los significantes solo remiten a otros significantes en una cadena, pero también que un significante representa a un sujeto, ¿Cómo es esto posible si una cadena se significa a si misma de forma interna? La solución es mucho mas sencilla de lo que se imaginan.
Lacan dibuja antes del seminario 20, la serie significante con una forma típica del algebra matemática para la serie numérica: (S1, S2, S3....Sn), don n es variable de cualquier numero tendiente al infinito.
A partir de este punto vale introducir una diferenciación que se le escapa a casi todo lector de Lacan: la distinción entre serie significante y cadena significante. La serie implica elementos del mismo orden o conjunto, mientras que la cadena implica unión.
De esta forma podemos diferenciar que hablamos de serie significante cuando no ponemos el acento en lo que une a cada significante y cadena significante cuando hacemos hincapié en lo que une un significante con otro, que no es ni mas ni menos, que la significación. Si no hay significación, no hay cadena, pero si hay serie.
"Con la segunda propiedad del significante de componerse según las leyes de un orden cerrado, se afirma la necesidad del sustrato topológico del que da una aproximación el término de cadena significante que yo utilizo ordinariamente anillos cuyo collar se sella en el anillo de otro collar hecho de anillos" - “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud” (1957)
Otra cuestión muy interesante, es que esta cadena estaría unido por anillos, pero no cualquier anillo, sino por las figuras topológicas del toro:
“El toro es una superficie que permite representar la estructura del sujeto como una cadena cerrada, donde el significante se articula en su retorno.” Seminario IX: La identificación (1961-1962) Lacan introduce el toro como una figura que permite pensar la estructura del sujeto y la cadena significante. Habla del toro como una superficie que puede ser cortada y reconfigurada, lo que representa cómo el significante se articula en el inconsciente.
Entonces, dicho esto, toda cadena significante en marcha, es decir, con efecto de significación, supone lógicamente, a "algo" que inicia ese efecto de significación. Dicho de otra forma, todo verbo "significar" implica un sujeto que realice la acción. Pero si suponemos los significantes como ya existentes, dentro de una serie, el sujeto que inicia esa significación solo puede iniciarla desde un intervalo en esa serie, produciendo mediante la acción de significar, una cadena entre significantes.
Justamente por todo esto, es que lacan grafica la acción de significar, con una flecha o vector y que implica una dirección que no es azarosa.
Ubiquemos el algoritmo de la transferencia para ejemplificar esto:
Arriba tenemos el significante de la transferencia que es el que inicia la significación (representada por la flecha) y que es dirigida a un significante cualquiera, que ya sabemos que es donde Lacan sitúa al analista.
Debajo de la barra tenemos una serie significante y un significado asociado a dicha serie (la s pequeña).
¿Que quiere decir lo que esta debajo de la barra entonces?
Varios de nosotros podríamos estar tentado a leer lo que esta debajo de la barra como "significación", pero esto seria un error, que no es otro en el que el mismo Miller cae:
Miller, J (2011) Como se inician los análisis.
Ese algebra debajo de la barra no puede ser nunca una significación por varias razones: primero porque hace falta un sujeto para iniciar una significación, y como ya vimos un sujeto "aparece" en un intervalo entre dos significantes cuando la cadena se pone en marcha, no en la serie significante. Esto implicaría entonces, necesariamente, pensar un sujeto EN el inconsciente y no DEL inconsciente, siendo la ultima posición la de Lacan según nuestra lectura; como segunda razón, ya dijimos que Lacan simboliza la puesta en marcha de la significación con una flecha y debajo de la barra no hay ninguna, ya que la sitúa de forma coherente con su teoría, de un significante (el de la transferencia) a otro significante (cualquiera que representa a un analista).
Lo que esta debajo de la barra, también podría escribirse de la siguiente forma: s(A) ya que A, el Otro, es el "tesoro de los significantes". De esta forma queda mas clara la lectura, que seria la siguiente: el significado del Otro, que como vemos en el grafo del deseo, coincide con el significado inconsciente del síntoma.
Como mensaje, y significado del Otro, el síntoma es producto de la cadena significante, en la que la pregunta por la existencia y por la sexualidad planteada como sujeto en análisis, situada en el Otro (A) como lugar simbólico, se articula y se metaforiza en los síntomas con especial fijeza e insistencia. Para Lacan, el mensaje que se repite como síntoma lejos de interesar y concernir a quién habla, implica toda "su historia y sus ancestros", de allí que se inscribe como significado del Otro (A), con la notación s (A). Lacan, Seminario XIV .
Consecuencias:
- Si es un significado del Otro, no hay sujeto formalizado.
- Si el Otro no existe (como vimos mas arriba) tenemos que suponer que en algún momento hubo un sujeto que inicie la producción de un significado.
- Si hay un significado en el Otro, entonces es un significado inconsciente.
- Si es un significado inconsciente, nadie sabe que existe, ni el analista, ni el analizado.
- Para que haya acto analítico, debemos SUPONER que hay un sujeto que produjo un significado mediante un echo de significación, pero que ese resultado, ha devenido significado inconsciente (sujeto-supuesto-saber).
Sin duda, aquí está, en torno a la palabra saber, el punto de ambigüedad que tomamos hoy para acentuar algo para lo que ya he sensibilizado sus oídos por distintas vías, caminos, en momentos luminosos, con destellos de flash.
¿Es preciso que se lo recuerde a quienes ya han tomado nota de ello, de eso que tal vez esté todavía dando vueltas en su cabeza? El año pasado di en llamar saber al goce del Otro. Cosa extraña. Es una fórmula que, a decir verdad, nadie había proferido antes. Ya no es nueva, puesto que el año pasado ya pude darle ante ustedes la suficiente verosimilitud, sostenerla sin levantar demasiadas protestas. Este es uno de los puntos que anuncié para nuestra cita de este año.
De entrada completemos lo que primero tuvo dos pies, luego tres, démosle el cuarto. He insistido en él desde hace bastante tiempo y especialmente el año pasado, ya que desde hace bastante tiempo el seminario pretendía eso De Otro al otro, lo titulé. Este otro, el pequeño, con este el que le da notoriedad, era lo que en este nivel, que es de álgebra, de estructura significante, designamos como objeto a.
En este nivel de estructura significante, todo lo que debemos saber es cómo opera. Así, somos libres de ver qué ocurre si escribimos las cosas de tal forma que se dé a todo el sistema un cuarto de vuelta.
Voy hablando de este cuarto de vuelta desde hace bastante tiempo, y en ocasiones distintas - especialmente desde que apareció aquello que escribí bajo el título de Kant con Sade - como para que se haya podido pensar que tal vez algún día se vería que esto no se limita al esquema llamado Z, y que este cuarto de vuelta tiene razones distintas del puro accidente de representación imaginaria"
Fin de la cita (las letras en negrita y el subrayado son míos)"¿Qué resulta de todo lo que él articula? No el saber, sino la confusión. Pues bien, incluso la confusión debe hacernos reflexionar, puesto que se trata de los límites y de salir del sistema. Salir, ¿en virtud de qué? De una sed de sentido, como si el sistema tuviera necesidad de él. No tiene ninguna necesidad, el sistema. Pero nosotros, seres débiles, tal y como nos hallaremos en los momentos decisivos en el curso de este año, tenemos necesidad de sentido. Pues bien, he aquí uno.
Tal vez no sea el verdadero. Pero también es cierto que veremos muchos tal vez no sea el verdadero, que por su misma insistencia nos sugieren propiamente la dimensión de la verdad.
Nótese la ambigüedad que ha adquirido en la estupidez psicoanalítica la palabra Trieb, en vez de aplicarse a entender cómo se articula esta categoría. No carece de ancestros - quiero decir que esta palabra ya había sido empleada antes -, y se remontan lejos, hasta Kant, pero para lo que sirve en el discurso analítico más valdría no precipitarse a traducirla demasiado deprisa por instinto. Pero después de todo, estos deslizamientos no se producen sin razón, y aunque hace mucho tiempo que insistimos en el carácter aberrante de esta traducción, aun así estamos en nuestro derecho si sacamos algún provecho de ella. Por supuesto, no para consagrar, sobre todo en lo que a esto se refiere, la noción de instinto, sino para recordar lo que la hace habitable en el discurso de Freud, y simplemente para tratar de hacer habitar este discurso de otra forma.
Popularmente, la idea de instinto es la idea de un saber, de un saber del que no somos capaces de decir qué significa, pero se supone, y no sin razón, que su resultado es que la vida subsiste. Por el contrario, si damos un sentido a lo que Freud enuncia del principio del placer como esencial para el funcionamiento de la vida, si consiste en el mantenimiento de la tensión más baja, ¿no supone esto ya decir lo que la continuación de su discurso demuestra que se le impone? O sea, la pulsión de muerte.
Esta noción se le impone por el desarrollo de una experiencia, la experiencia analítica, en tanto es estructura de discurso. Puesto que no debemos olvidar que la pulsión de muerte no se inventa observando el comportamiento de la gente.
La pulsión de muerte, la tenemos aquí. La tenemos cuando se produce algo entre ustedes y lo que yo digo.".....
"Lean lo que Freud dice de la resistencia de la vida frente a la tendencia al Nirvana, tal como se llamó la pulsión de muerte cuando la introdujo. Sin duda, esta tendencia a volver a lo inanimado se hace presente en la experiencia analítica, que es una experiencia de discurso.
Freud llega hasta aquí. Pero si esa burbuja - al leer aquellas páginas se impone esta imagen - subsiste, es porque la vida vuelve allí únicamente por caminos siempre iguales y que quedaron trazados en su día.
¿Qué es esto, sino el verdadero sentido de lo que hallamos en la noción de instinto, la implicación de un saber? Este sendero, este camino, lo conocemos, es el saber ancestral. Y este saber, ¿qué es? si no olvidamos que Freud introduce lo que él mismo llama el más allá del principio del placer, que no por ello resulta desbaratado. El saber es lo que hace que la vida se detenga en un cierto límite frente al goce. Puesto que el camino hacia la muerte - de eso se trata, de un discurso sobre el masoquismo-, el camino hacia la muerte no es nada más que lo que llamamos el goce.
Hay una relación primaria del saber con el goce, y ahí se inserta lo que surge en el momento en que aparece el aparato que corresponde al significante. Por eso es concebible que vinculemos con esto la función del surgimiento del significante. Ya basta, dirán, ¿tenemos que explicarlo todo? ¿Y por qué no el origen del lenguaje? Ya se sabe que para estructurar correctamente un saber hay que renunciar a la cuestión de los orígenes. Lo que hacemos al articular esto es superfluo en relación con lo que tenemos que desarrollar este año, que se sitúa en el nivel de la estructura. Es una vana búsqueda de sentido. Pero, como ya he dicho, tengamos en cuenta lo que somos. De modo que sigo. En esa juntura de un goce - y no cualquiera, sin duda debe permanecer opaco -, en la juntura de un goce privilegiado entre todos - no porque sea el goce sexual, puesto que lo que este goce designa por el hecho de estar en la juntura, es la pérdida del goce sexual, la castración -, es en relación con la juntura con el goce sexual que surge, en la fábula freudiana de la repetición, el engendramiento de algo radical, que da cuerpo a un esquema literalmente articulado. Una vez surgido S1, primer tiempo, se repite ante S2 . De esta puesta en relación surge el sujeto, representado por algo, por cierta pérdida, ha valido la pena hacer este esfuerzo hacia el sentido para comprender su ambigüedad.
(opone el concepto de goce del placer sexual, es decir, de la libido, y por lo tanto de la pulsión)
No en vano el año pasado llamé plus de goce a este objeto, del que por otra parte dije que, en el análisis, toda la dialéctica de la frustración se organiza a su alrededor. Esto significa que la pérdida del objeto es también la hiancia, el agujero que se abre a algo que no se sabe si es la representación de la falta de goce, que se sitúa por el proceso del saber en tanto éste adquiere un acento muy distinto, porque desde entonces es saber escandido por el significante. ¿Es acaso el mismo incluso?
La relación con el goce se acentúa, de pronto, por esa función, todavía virtual, que se llama el deseo. Por esta misma razón llamo plus de goce a lo que surge aquí, no lo articulo como un forzamiento o una transgresión.".....
Pues bien, incluso eso, tal vez es eso lo que hay que pagar. Por eso el año pasado les dije que en Marx se reconoce que este a de aquí funciona en el nivel que se articula - en el discurso analítico, y no en otro - como plus de goce. Esto es lo que Marx descubre como lo que es realmente la plusvalía.
Por supuesto, no fue Marx quien inventó la plusvalía. Sólo que antes nadie sabía qué lugar tenía. Era el mismo lugar ambiguo del que hablaba hace un momento, el trabajo de más, el plus de trabajo. ¿Qué se paga con eso, se pregunta él, sino precisamente goce, que es preciso que vaya a algún lugar? "
CONTINUAMOS EL DESARROLLO EN EL SIGUIENTE TRABAJO




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