La dimensión política de la vida humana, aunque mucha gente la asocia solo a la rivalidad partidaria, es necesaria para administrar la vida social de los pueblos a través de sus representantes y de las instituciones del estado. Entonces hay que diferenciar al “gobierno”, su proyecto y agenda político-partidaria, de las “instituciones del estado”, de las cuales depende el funcionamiento democrático y la administración concreta de la vida ciudadana en pos del “bien común”. Si bien las instituciones del estado pueden cambiar debido a mencionada agenda político-partidaria, muchas de ellas, deben protegerse en su mantenimiento y continuidad, independientemente del gobierno de turno por la importancia de su rol social: buenos ejemplos pueden ser el sistema de salud pública, la administración de justicia o la educación pública. La posición anti-política, entonces, implica una posición pseudo anarquista que confía en la voluntad individual para autorregularse y no considera necesario el poder ...
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