Cuanto decimos y se dice sobre los tiempos en las relaciones:
- Que no hay que apurar las cosas pero que tampoco hay que tardar demasiado porque nos aburrimos o perdemos el interés…
- Que hay un tiempo del encuentro que no lo definimos nosotros sino el acontecer o “el universo”, pero que si no haces nada para que las cosas pasen, simplemente nada sucede…
- Que nadie puede enamorarse en 2 meses como si existiera el parámetro temporal ideal-racional o que para pasar del enamoramiento al amor es necesario una x cantidad de tiempo, como si el espacio y el tiempo “entre dos” subjetividades obedeciera a la racionalidad temporal cronológica de la ciencia.
Difícil, podríamos decir, como decía Lacan, en el “entre dos” entramos en el campo de un mal entendido estructural, ineludible para todxs aquellos que vamos en busqueda de un partener, lo que el formalizaba discursivamente con la frase "no hay relación sexual".
No obstante, en estas
épocas que corren (la del individualismo neoliberal), hay particularidades sobre la
temporalidad que podemos describir con cuestiones cada vez más corrientes: lo
ideal, la inmediatez, la ansiedad, la frustración.
Pareciera que la
paciencia, la postergación de metas inmediatas para obtener metas a largo plazo
más satisfactorias, o la tolerancia a la frustración en el desencuentro
inevitable con el otro, han sido
pisoteadas por la idea de realización individual, los manuales de autoayuda
basados en el coaching orientado al éxito personal y otras yerbas que nos
siguen alejando de los otros, del navegar en tiempo incierto, del descubrir y
explorar juntos, del desplegar un tiempo que no es el del reloj, sino de otro,
inventado, creado entre los cuerpos y las subjetividades que se encuentran.
Ese tiempo y espacio no
se crea solo ni lo crea el fluir, ni los astros ni el devenir. Solo es posible
con las acciones y decisiones que las personas realizan, sea por decisión u
omisión, siempre creamos y configuramos ese campo de encuentro con el otro y
por ende debemos asumir la responsabilidad que nos toca.
Como dice la canción: "tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio y coincidir"..
Lo que coincide tal vez no debería ser del orden de lo mismo, lo que tenemos en común, tampoco del orden del complemento como impone la máxima del amor romántico moderno.
Tal vez el coincidir en un sentido profundo, haga alusión al caminar juntos, a sostener los desencuentros y los virajes, a mantener la tensión de la diferencia, a la elección de buscarse a pesar de las faltas y el malentendido estructural (Lacan), al coincidir en lo irracional, la pasión y la emoción involucrada en la simpleza y la belleza de una vida compartida, mas allá y mas acá, de lo racional, del proyecto juntos y de cualquier intelectualización que se unta sobre el pan que se amasa para un otro.
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