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El concepto como herramienta simbólica - Líneas para la reflexión en los equipos.

Notas para pensar las herramientas simbólicas en el trabajo con sujetos..

Siempre cuento que una de las razones por la que empecé a estudiar psicología fue el haber leído en mi adolescencia, las Meditaciones Metafísicas de Descartes frente a las cuales quedé profundamente conmovido por su método: la ya famosa duda metódica. Este ultimo me parecía una forma interesante para aproximarme a conocer el mundo y sus teorías desde una visión critica, problematizadora, de todo aquello que aparece como dado, como construido desde siempre y con un único sentido.
Digamos que mi aproximación a la academia fue mas epistemológica que en clave de competencias y legitimación para una practica laboral, y eso sin dudas, me llevó a interesarme profundamente por la teoría.
Ya en cuarto año de la carrera comenzamos a leer de otra forma mas sistemática a Foucault y en un texto de Ana María Fernández me resonó un concepto del primer autor: la noción de caja de herramientas.

En el año 1975, en una entrevista en el suplemento literario del Le Monde, Foucault decía: “Todos mis libros son pequeñas cajas de herramientas. Si la gente quiere abrirlos, usar tal frase o tal análisis como un destornillador o una pinza para provocar un cortocircuito, descalificar o quebrar los sistemas de poder, incluidos aquellos de donde eventualmente salen mis libros... ¡Y bueno, mucho mejor!

A partir de ese momento mi relación con las teorías cambió y ya dejaría de colocarlas en el lugar de una cosmovisión totalizante en el que uno cae por los distintos mecanismos de poder-saber, estrategias de reconocimiento social y/o mecanismos psíquicos-afectivos como por ejemplo el deseo puesto en juego a la ahora de elegir una disciplina. A partir de ese momento y con mucho trabajo intrapsíquico, comenzaría a utilizar el saber disciplinario desde su función mas instrumental o pragmática ya que al mismo tiempo me permitía salirse de ese sentido de pertenencia narcisista desde donde varias y varios académicos sacralizan las teorías, una suerte de fetichizacion del saber entendido como mercancía (Referencia a Marx y Foucault).

Algunas preguntas de partida: ¿si nuestro objeto de intervención es abstracto como lo es la subjetividad, con que tipos de herramientas intervenimos? ¿Qué nos permiten estas herramientas?.

Comencemos imaginando a un carpintero y su oficio: ¿Cuáles son las herramientas que utiliza para construir muebles? ¿Por qué usa herramientas y no el propio cuerpo para realizar su trabajo de forma directa sobre el material?.

Esta muy claro que si un carpintero intentara martillar con su puño un clavo para unir dos piezas de maderas se lastimaría el cuerpo y no podría lograr su cometido que es el de realizar un mueble. 
Entonces, el carpintero, necesitará utilizar herramientas por dos motivos muy básicos: 
  1. Para cuidar el si mismo y no lastimarse, lo que implicaría que no pueda seguir trabajando.
  2. Lograr un resultado que seria imposible sin las herramientas adecuadas.
Llegamos entonces, a la idea general de herramienta, que es la de posibilitar una acción que de otra forma no seria posible o que seria posible pero en perjuicio del propio cuerpo.

Cuando estamos en el campo de las ciencias humanas o simplemente en una actividad laboral que implique trabajar con otras personas, podemos realizar esa actividad desde dos grandes paradigmas o posiciones que incluso pueden convivir de forma simultanea:
  • intervenir desde el sentido común mas cercano a la intuición kantiana, lo que seria similar a golpear el clavo con el propio cuerpo en nuestra analogía,
  • intervenir a través de herramientas simbólicas específicamente desarrolladas para lograr nuestro cometido dentro de una profesionalización de la actividad. Esto implica la conciencia de porque, como y para que hacemos lo que hacemos. 
No siempre tenemos en claro en el campo de la intervención humana, sea cual fuera, que tipo de recursos utilizamos para intervenir sobre la realidad o desde que posición subjetiva, teórica, política y ética lo hacemos, ya que este saber, estas herramientas se integran con el propio ser, la propia identidad, conformando "lentes epistémicos" a partir de los cuales vemos o construimos todo aquello que conocemos (permítanme por razones pedagógicas, la equivalencia entre ver y construir una realidad, ya que algún/a lectora que no provenga del ámbito psi, puede no captar todo aquello sobre la construcción subjetiva de la realidad y su distinción con lo real). Por ello considero necesario, si es que nos interesa profesionalizar nuestro obrar,  reflexionar sobre estas cuestiones. 

Si continuamos la analogía, las herramientas simbólicas también nos permiten cuidar nuestra salud mental ya que mediatizaríamos la intervención mediante la "distancia" que permite la herramienta, pero también nos permite ser mas eficientes en nuestras intervenciones si es que elegimos o construimos las mas adecuadas en dirección a nuestro objetivo planteado.

La idea general de herramienta simbólica que comenzamos a trabajar no implica la condición lógica de haber pasado por la academia o por la educación formal, ya que todas y todos las utilizamos diariamente en todo momento, en mas o menos medida, con mas o menos elaboración. Lo que se trata aquí es de realizar dos movimientos:
  • Tomar conciencia de las herramientas que estamos utilizando, si están mas cercanas a la intuición del sentido común o si conforman construcciones o métodos deliberadamente creados para operar sobre la realidad.
  • Asumir una posición creativa y de reconocimiento de que nosotras y nosotros podemos construir nuestras propias herramientas sin importar que tipo de formación tengamos, aunque a menudo sea mas fácil hacerlo en colaboración con otros o en el marco de una aproximación teórica y en articulación con la practica.
Los psicólogos trabajamos esencialmente con estas herramientas simbólicas pero también lo hacen las y los trabajadores sociales, las y los abogados, las y los mediadores y también el personal de seguridad y administrativo.

La dimensión instrumental de una herramienta simbólica no distingue disciplinas ni formación: la forma en que escucha el personal de seguridad o la del personal administrativo o la de un abogado es igual de importante aunque en direcciones distintas. Cualquiera de ellas o ellos puede profesionalizar sus herramientas lo que implicaría tomar conciencia sobre el como, porque, para que y desde donde hacemos lo que hacemos.

Profesionalizar la propia practica entonces, debería incluir además de todo lo que ya mencionamos sobre las herramientas, también un determinado posicionamiento ético en relación al otro y la idea o tendencia de que siempre podemos mejorar la forma en que hacemos nuestro trabajo. Dos brújulas con metas ideales y utópicas pero necesarias para orientar la practica, la actividad, la praxis (episteme, método y técnica).

Algunos ejemplos:
  • Un abogado que quiere mediar, debe inevitablemente construir herramientas de escucha que no son las especificas de su quehacer cotidiano de su profesión o de la vida cotidiana. Escuchar en un proceso judicial es muy distinto a hacerlo en el marco de la mediación comunitaria por ejemplo, ya que para esto último se requieren como mínimo, herramientas de escucha distintas.
  • Una persona que se desempeña como "administrativa/o" que tiene la responsabilidad de recibir en primera instancia la demanda de un vecino, también escucha de una determinada manera a fines de poder discernir hacia que servicio o tipo de atención debe ser orientada esa demanda, por lo que debe tener la capacidad para formalizar el problema, reclamo o situación que mas de una vez, ni el vecino o la vecina pueden puntualizar o nombrar con claridad.
  • El personal de seguridad escucha también de una forma muy diferente y permite construir cierta autoridad y limites que cobran una importante función estratégica dentro de la convivencia institucional.
Aquí ya tenemos un primer problema que podemos situar en torno a las representaciones o al imaginario social que influye sobre nuestra identidad laboral, es decir sobre quienes somos y como hacemos lo que hacemos mientras trabajamos: la forma de nombrar, jerarquizar y ponderar la actividad del/la trabajador/a desde el lugar de la gerencia y desde el lugar del usuario, ya que toda identidad se construye en base a identificaciones y por reconocimientos simbólicos en la interacción con otras personas. En psicoanálisis el concepto de "sujeto-supuesto-saber" justamente ilustra de forma precisa como juega la construcción imaginaria del vecino o la vecina a la hora de pensarnos como representantes de un saber o poder que permita resolver o no, alguna cuestión formalizada en la demanda.
Una persona que tiene la función de escuchar dentro de un proceso de admisión no solo administra  datos sino que se encuentra inmersa/o dentro de una relación intersubjetiva y una relación intersubjetiva no es comparable a una relación de un sujeto con objetos físicos o datos. Justamente por todo ello, es importante construir herramientas y un dispositivo de encuadre de trabajo que oriente la practica dentro de una estrategia de intervención pero que al mismo tiempo, cuide a quien la ejecuta para evitar que "martille los clavos con la mano", es decir, que se "dañe" en el quehacer de su actividad. Desde el lado del trabajo, es importante tener en cuenta la salud mental y física de las y los agentes, y del lado de la gerencia, si descartamos en la mención el punto de vista ético y humano, también es necesario pensarlo desde la gestión de recursos humanos calificados para la tarea: un carpintero lastimado no puede hacer muebles, y el personal administrativo o profesional no puede desplegar todo su potencia técnica y creativa si se encuentra con niveles altos de estrés o padecimiento psíquico.

No es lo mismo recopilar datos de una persona simplemente porque alguien nos indicó la tarea, que realizar ese mismo trabajo en el marco de un pensamiento estratégico que incluya el porque de esa tarea, el como y el para quien o incluso si es orientada por una ética de trabajo y un posicionamiento político determinado. Los resultados de dicha tarea van a ser muy distintos dependiendo la posición que asumamos o en la que nos posicionen los demás: lideres o usuarios. También va a ser muy distinto el impacto o las resonancia subjetivas de nuestro trabajo sobre nuestra propia subjetividad: si encontramos gratificaciones simbólicas en el trabajo o si por el contrario estamos alienados a él y lo padecemos o no podemos obtener un plus valor simbólico de esa experiencia, llámese esto ultimo bajo los conceptos de patria, altruismo, contribución política, ayuda social, etc. Justamente por esta dimensión mas allá de la actividad, es decir, la dimensión transubjetiva o ideológica, es que pensamos en su momento la necesidad de que un líder en el marco del trabajo estatal debiere ser un militante del estado.

Algunas primeras distinciones conceptuales: 
  • La demanda de intervención,
  • el sujeto que realiza la actividad,
  • la herramienta utilizada, 
  • el sujeto-objeto a quien va dirigida la intervención,
  • y por ultimo el contexto mico y macro social, institucional, político, económico, y cultural.
De ahora en mas, nos referiremos como intervención, no solo a todo aquello que hacemos con el cuerpo en su movimiento físico (escribir) o en su movimiento psíquico (escuchar), sino también a lo que no hacemos, es decir, a la decisión consiente o inconsciente de no hacer, y que de una u otra forma impacta en el otro. Todo impacta de una u otra forma en el campo de la subjetividad si es que hay una demanda de acción, es decir un requerimiento de algún tipo al que podemos responder o no responder.

No es la intención de este trabajo adentrarnos sobre la naturaleza de los conceptos de demanda, su diferencia con la necesidad y el interés y su puesta en forma dentro de un dispositivo de intervención, como así tampoco trabajaremos la noción de sujeto y objeto, o campo de intervención porque son cuestiones que exceden al objetivo del presente: orientar la reflexión sobre el uso general de las herramientas simbólicas, a quienes no están acostumbradas/os a pensar la propia practica en términos metodológicos y epistemológicos o desde un esquema mas global de planificación estratégica situacional.

Las herramientas entonces, si las pensamos como simbólicas es porque están "echas" de lenguaje, y si están echa de lenguaje son polisémicas, es decir, no presentan un sentido fijo igual para todo el mundo y por ende no tendrá el mismo resultado si es puesta en acción por dos personas distintas, un ejemplo: dos psicólogos con la misma formación y las mismas herramientas teóricas trabajan de formas distintas porque las herramientas simbólicas se re-construyen cada vez que las utilizamos y si se reconstruyen es porque son sensibles al contexto, a la intersubjetividad y a la propia constitución del sujeto que las utiliza.

Y aquí llegamos a un punto interesante. Si nuestras herramientas son simbólicas y son nuestras, es porque están integradas a nuestra subjetividad a diferencia de las herramientas del carpintero que son externas al sujeto. Esta integración de las herramientas simbólicas con nuestra subjetividad trae aparejado otra serie de problemas, por ejemplo, que nuestro "ser" o posición, o nuestro sentir, o el pensar afecta de forma directa la construcción y puesta en marcha de las mismas.

Si nuestro trabajo es atender la demanda de personas que posiblemente vengan enojadas, como por ej en el área de foto-multas de un juzgado de faltas y nosotros también nos enojamos por su enojo porque nuestra acción no esta mediada por el encuadre adecuado, es posible que no podamos utilizar ninguna herramienta de forma optima o adecuada, y terminemos "golpeando el clavo con nuestro puño" como en nuestra analogía del carpintero. Ahora bien, si entendemos al otro que viene, no como un par, sino como un objeto de intervención frente al cual puedo desplegar determinadas herramientas y establecer cierto encuadre, la experiencia para ambos se construye de una forma muy muy distinta.

En psicología cuando escuchamos no lo hacemos como cualquier otra persona, lo hacemos desde una teoría y un método clínico que mediatiza el acto de oír y así es que podemos escuchar de una forma particular que no es la de un par, la de un amigo o un familiar. De la misma forma, todas y todos podemos construir herramientas mas o menos complejas en función a nuestras posibilidades y deseos.

Otro punto de vista muy interesante para que pensemos juntos: si las herramientas simbólicas se integran con nuestra identidad, es probable que tengamos que desarrollar aspectos de nuestra subjetividad para poder utilizarlas de formas mas o menos eficientes: por ejemplo, si yo estudio toda la teoría de lo que implica la mediación como método pero no desarrollo mis propias habilidades para gestionar las emociones, escuchar, contener el impulso de colonizar el discurso del otro, etc., es probable que no pueda trabajar con las herramientas que estudié. Como verán, el punto de vista ético es ineludible para sostener o no una conducta revisionista sobre el propio quehacer laboral.

Por ultimo, queremos abordar justamente el aspecto de la integración de las herramientas simbólicas con el propio ser, ya que que si uno no mantiene cierta "vigilancia" epistemológica o "espíritu critico" se terminan consolidando cosmovisiones o paradigmas estancos desde donde nuevamente, construimos o vemos la realidad de una forma reduccionista o sesgada, y en la mayoría de los casos desde modelos discursivos hegemónicos (por ej. el modelo medico hegemónico o el modelo jurídico hegemónico, que tan bien Foucault estudio y sistematizo en varias de sus obras). La mejor, por no decir la única forma de evitar esto, es sin dudas el dialogo interdisciplinario. La mirada del otro distinto siempre, de una u otra forma, mas consiente o menos consiente, aporta un factor de novedad que en el encuentro con la propia mismidad, genera una tensión o incomodidad que permite relanzar la dinámica del pensamiento y la producción colectiva. 
Lo que estamos remarcando, no es ni mas ni menos que la dimensión productora del conflicto, su dimensión creativa y su capacidad instituyente, que solo es posible si alojamos la posibilidad de que esa tensión tenga lugar, en el marco del respeto y con cierto alojamiento de la diferencia. Después de todo, como menciona la psicóloga y pensadora Alicia Stolkiner: escuchar es hospedar al otro.
Lo mismo que pensamos de forma teórica sobre el respeto y el entendimiento de las diferencias para con el otro con el que intervenimos, las podemos pensar y ejercer en lo cotidiano con nosotros mismos y en relación al resto del equipo de trabajo para tratar de "agrietar" o "problematizar" nuestro ego, nuestro yo o nuestras teorías y herramientas que con el tiempo y su uso han ido rigidizándose, y por lo tanto, perdiendo su capacidad creadora al ser utilizadas siempre de la misma forma, o incluso, llegando a oxidarse como ocurre con aquel serrucho del carpintero tras ser olvidado en un estante.

Un abrazo



Anexo complementario para la articulación con Lacan: 

Lacan en su formulación del discurso del amo en su relectura de la dialéctica de Hegel, trabaja la distinción entre el saber-hacer del esclavo y el saber del amo, siendo este ultimo el que forma la episteme y el primero el que construye la doxa (la opinión). Es decir, del lado del esclavo podemos situar el saber intuitivo, el saber-hacer, mientras que del lado del amo situamos el saber que refiere o da cuenta de un saber epistémico construido a partir de la actividad del esclavo. 
El saber del amo, entonces, se apropia del saber del esclavo pero también lo transforma en una teoría, por lo que el primero pierde su carácter instrumental o pragmático. El saber del amo es un saber alienado de la accion transformadora que le dio origen.

Episteme: saber transmisible
Saber-hacer: técnicas artesanales
Saber de amo: ¿por que ese saber es de esa forma y no de otra?. Reflexión sobre el saber que no se encuentra en el esclavo de forma explicita, pero si tacita o practica. 

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